Williamescos

Sitio de los Williamescos: Compañeros de Generación de los años 50 del Colegio Williams en la Ciudad de México. La base de este grupo de muchachos de la tercera juventud es quienes cursamos el 1ro de primaria en 1951 y salimos en 3ro de secundaria de 1959. Desde entonces nos hemos venido reuniendo regularmente sin faltar un solo año. Este sitio es para tratar los temas de la amistad, las raíces compartidas, y el afecto por la escuela que ayudó a forjarnos.

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jueves, 21 de noviembre de 2019

Aniversario “60” Años de Haber Salido del Williams

El martes 19 de noviembre del 2019 cumplimos 60 años de haber salido de nuestra Alma Mater, el Colegio Williams, en la calle de Empresa 8, Mixcoac, Delegación Benito Juárez, Ciudad de México, lo que antes era la casa de campo de José Yves Limantour, Ministro de Hacienda de Porfirio Díaz. La celebración la dividimos en dos tiempos: primero iríamos al Williams donde pasamos la primaria y secundaria para sacarnos fotografías en los lugares emblemáticos de nuestra escuela y saludar a los directivos con los que hemos mantenido una firme amistad, y segundo, refugiarnos a comer en el restaurante la Mansión de San Jerónimo.

Llegamos a la escuela 14 Willis, siendo recibidos afectuosamente por (1) Juan Camilo Williams, (2) nuestro amigo y contemporáneo, el latoso de Dumbo, Arturo Williams, y (3) Karen Blum, sobrina de Gustavo Aguirre Blum, compañero nuestro quien recientemente se nos fue. La bienvenida fue de abrazos, apapachos y besos.

Estuvimos presentes los siguientes Willis: Abelardo Castañeda Velasco, Enrique Castillo Pesado, Fernando Hidalgo y Terán Serralde, Ignacio García Téllez Madrazo, Jesús Pontones Llarena, Jesús S. Goyeneche, José Rodríguez Iglesias, Juan Limón Ariza, Luís Gutierrez Poucel, Luis Cristino Valenzuela Colín, Manuel Riestra Cano, Miguel Ángel Barrientos Alduncin, Salvador Robles Uribe y William Wood Sánchez.

Juan Camilo nos guío por los laberintos del nuevo sótano del Castillo descubierto recientemente cuando le daban mantenimiento al espacio que nosotros conocíamos, donde estaban las mesas de billar. Los trabajadores notaron en una de las paredes, donde se había caído el yeso, que había una entrada encubierta, por lo que Juan Camilo ordenó que se abriera, llevándose la sorpresa de que el sótano continuaba y continuaba. De tal manera, mandó arreglar todo ese espacio oculto durante más de 100 años, convirtiéndolo en oficinas administrativas, un salón de francés y una bonita fuente decorativa. Nuestro amado Williams no cesa de regalarnos sorpresas.

Acto seguido nos sacamos fotografías en la escalinata de entrada al Castillo, las escaleras a lo que antes era la entrada al comedor (ahora la entrada a la biblioteca) y el salón morisco, la oficina del director del Colegio Williams, que para nosotros fue la dirección comandada por nuestro amado Johnny Williams y luego su hermano Charlie Williams, y ahora es la oficina de Juan Camilo Williams Muldoon, quien no solamente heredó el nombre de su bisabuelo, sino el talento y el amor a la educación de la dinastía Williams.





Al mencionar a Arturo y Juan Camilo de que habíamos elaborado una película acerca de nuestro paso por el Colegio y que la íbamos a exhibir durante la comida, nos pidieron que si la podían ver con nosotros. Por lo que traje mi computadora y la conectamos a su pantalla y vimos algunos capítulos de nuestra larga película intitulada, en línea con lo que somos, “Amaneceres y Atardeceres Williamescos”. Afortunadamente les gustó bastante el vídeo, aparte de que fue grato ver a Arturo como se emocionaba al ver a los diferentes maestros, sorprendiéndonos por su buena memoria, corrigiendonos algunos nombres y errores. De tal manera, Arturo y yo nos vamos a juntar a comer para luego revisar el video y corregir los errores que se me colaron.

Cuando recordamos a los 25 compañeros de nuestra promoción que habían fallecido, en lugar de guardarles un minuto de silencio, les dimos un minuto de aplausos.

Nuestros amigos del colegio nos prepararon un magnífico pastel con el escudo del Williams y la leyenda “120, Our Goal is the Beginning, Generación 51-59.” Caray, 120 años desde que se ignguró el Williams de los cuales he estado asociado con esta gran escuela por 70 años, sí, me oyes bien querido lector, pues entré al 1ro B en 1950 a la tierna edad de cuatro años con el Profesor Alarcón, pero por mi corta edad me hicieron repetir 1ro, pasando al 1ro A con el grupo de fieras que ves en las fotografías.


Asimismo, nos entregaron diplomas de excelencia firmados por nuestro amigo y contemporáneo el maestro Arturo Williams, quien fue director de la escuela por muchos años hasta su jubilación. Luego, Juan Camilo, su hijo y actual director, tomó la palabra y se refirió al logro de nuestra generación de haber conservado los lazos de compañerismo y amistad durante casi 70 años y que eso era orgullo para el Williams. Nosotros, ni tarde ni perezosos, le agradecimos a su papá Arturo, así como a él, sus atenciones, afecto y generosidad, destacando que los valores que aprendimos en el Colegio Williams de honorabilidad, disciplina y trabajo nos han acompañado durante el transcurso de nuestra vida familiar y profesional. Antes de partir hacia el restaurante, cantamos con profunda emoción el himno de escuela presumiendo que todavía nos había tocado aprender el himno y seguir la dirección de su autor, el maestro de canto, Áureo Serna Soni.

Aquí conviene hacer un poco de historia, después de todo, estamos hablando de varias décadas...

Nuestro grupo de los Williamescos se conoció hace 69 años, específicamente en 1951 en el Colegio Williams, en la calle de Empresa No. 8, Ciudad de México. El patio de la escuela era todo nuestro universo, una inmensa área en primaria con cancha de fútbol, de básquetbol y suficiente espacio para correr y jugar, mientras que el patio de secundaria también era enorme donde cabía fácilmente otra cancha de fútbol o de softbol, aparte había graderíos que se llenaban con nuestros padres, maestros e invitados cuando teníamos festivales deportivos. Nuestro grupo cursó primaria y secundaria, compartiendo los valores y enseñanzas que nos impartieron nuestros queridos maestros y directivos, los recuerdos de formación y las promesas de juventud. Nos conocimos en aquella edad en donde un “córtalas” era el último agravio, y un “eres mi mejor amigo” constituía uno de los mayores halagos.

En nuestro último año, 3ro de secundaria, el Colegio organizó el 19 de noviembre de 1959 la Cena de Fin de Año en el Restaurante el Cisne. El costo era de $100 por persona (correspondientes a 12,500 pesos de hoy en día). Imagínense, la colegiatura era de alrededor de $60 pesos ($7,500 a precios del 2019), por lo que varios compañeros consideraron el costo excesivo y decidieron irse al Restorán Ku Ku en Coahuila esquina con Insurgentes, por ser bueno y barato. Piensen, el pollito de leche completo costaba $15.00 ($1,875 pesos de 2019) y alimentaba a cuatro hambrientos Willis. Alrededor de 50 compañeros (de los grupos A y el B) asistieron al convive el cual fue un éxito rotundo. De tal manera, durante varios años después seguimos reuniendo a cenar en el Ku-Ku, hasta que lo cerraron, por lo que encontramos lugares alternos.

Lo notable es que, desde 1959, a pesar de que nuestro grupo de compañeros y amigos nos desperdigamos por diferentes actividades profesionales y rumbos geográficos, nos mantuvimos fieles a nuestra tradición de unión y amistad, juntándonos anualmente sin interrupción. En una ocasión solo llegamos a estar ocho, en otra llegamos al restaurante "Amanecer Ranchero" de nuestro amigo y compañero Jorge Solís Cámara, para encontrarlo cerrado porque a Jorge se le había olvidado la ocasión. No obstante, a pesar de las contrariedades, la tradición de juntarnos una vez al año ha perdurado.

Yo, Luis Emiliano Gutiérrez Santos-Poucel, salí al extranjero por espacio de 25 años a estudiar y trabajar, y fui por primera vez a una de las cenas anuales en 1998 a la Casa de Piedra, allá en Yucatán, Colonia Roma. Lo primero con lo que me topé fue con las burlas de mis amigos del Colegio... “¿A dónde te habías metido Güey?, ¿Cuándo me vas a pagar cabrón?, Oye, te pareces a Luis un compañero del Williams, pero ese era delgado y guapo.”


Al poco rato de haber llegado, ya había dejado atrás mi barniz de Maestría, Doctorado y 20 años en los organismos internacionales para volver a ser aquel chiquillo de 10 años en donde todo mi mundo era el patio de la escuela. Y la explicación es sencilla: Esa amistad temprana, auténtica por ser sin intereses, tierna por ser la primera, nos ayudó a forjar nuestro carácter y construir los puentes hacia un futuro incierto, por lo que compartimos bases y valores comunes. Esa amistad ha sido la fuerza motriz de nuestras reuniones.

Inclusive, algunos de nosotros empezamos a reunirnos a comer el primer martes de cada mes. De manera espontánea, los Willis Felipe Diez Martínez, Anthony Smith y Marco Antonio Sordo se juntaron a comer en el Restorán Casa de Castilla. Cayó la casualidad de que era un martes. Los platillos y la charla fueron tan agradables, que quedaron de volverse a reunir el primer martes del mes siguiente. Poco a poco, empezaron a asistir los otros Williamescos. Actualmente nos estamos juntando un promedio de 20 compañeros de la promoción 1951-59.

Así es que, conforme se acercaba la emblemática fecha del 19 de noviembre de 2019, año en el que cumplíamos 60 años de haber salido del Colegio Williams y 69 años de habernos conocido, nos preocupamos por organizar una celebración especial. Teníamos que hace algo sensacional para conmemorar nuestro aniversario, algo mejor que nuestro aniversario 50 que organizamos en el 2009. A tal fin, creamos un “petit comité” constituido por Chucho Pontones, Miguel Angel Barrientos, y un servidor.

Pero entre más discutíamos y proponíamos, más caíamos en cuenta que cada vez que nos juntamos, independientemente del lugar y ocasión, nos la pasábamos muy bien. Caímos en cuenta que no necesitamos hacer nada del otro mundo: Con tan solo juntarnos y ser nosotros, tendríamos una reunión sensacional. No había que preocuparse.

Finalmente salimos de nuestra alma Mater en dirección a la comilona en La Mansión de San Jerónimo. Al llegar, nos encontramos con la sorpresa de que la mitad de los Willis que nos acompañaron al Colegio no asistieron a la comida. Sin embargo, encontramos cuatro nuevas caras que no habían ido al Williams, pero que se presentaron a comer con nosotros: Gustavo Castillo, Jorge Stahl, Francisco Gutiérrez y Rodolfo Vega. Los que sí asistieron al Williams y luego a la Mansión fueron Abelardo Castañeda, Ignacio García Téllez, Jesús Goyeneche, José Rodríguez, Manuel Riestra, Miguel Angel Barrientos, y un servidor, Luis Gutiérrez. De tal manera, que estábamos presentes 11 Willis para compartir el pan y la sal de la mesa y celebrar 69 años de conocernos, o como me dijo Salvador en alguna ocasión, “69 años de aguantarnos”.

Dentro de los momentos memorables que vale la pena mencionar, está el milagro de que finalmente los técnicos del restaurante pudieron arreglar su pantalla para exhibir nuestra película del recuerdo. Así es que mientras nos refrescábamos el gaznate, con unas magníficas botellas de vino, vimos el resto de la película “Amaneceres y Atardeceres Williamescos”... que buena película, la recomendamos ampliamente,

Tenemos que mencionar el hecho de que ésta fue una de las pocas reuniones anuales en las que no estuvieron presentes cuatro asiduos regulares, dos porque se nos fueron antes de tiempo, Carlos Castellanos y Munir Chalela, y dos porque desgraciadamente estaban indispuestos, Felipe Diez Martínez y Marco Antonio Sordo, a quienes les enviamos un afectuoso saludo y nuestros deseos de pronta recuperación.

Yo me senté en medio de Manuel Riestra y Jorge Stahl, en otras palabras, estaba entre magnífica compañía. Manuel y yo resolvimos todos los problemas del mundo y comentamos el triste papel que le han obligado a desempeñar –el gobierno de la 4T– a nuestras fuerzas armadas, una de las instituciones más respetadas por los mexicanos. Jorge y yo hablamos de economía, familia, vinos y todo lo que se nos ocurrió. Qué fascinante ¿no? hablar y hablar por el gusto de hablar con el amigo, aunque al día siguiente no recordemos nada.

Como Rudy no paraba de fumar y Aba andaba con su tanque de oxígeno, el doctor del grupo, el General Manuel Riestra le suplicó a Rudy que ya no fumara tanto, puesto que por un lado se corría el riesgo de que una chispa llegarán al oxígeno y se produjera un percance, y por el otro, que con tanto humo le costaba trabajo respirar a nuestro enfermito. Rudy, con ganas de acomodar la solicitud de Manuel, le respondió: “por eso me siento lo más lejos de él, porque si llega a estallar a mí no me pasa nada. Y para restregar la súplica de nuestro general, José Rodríguez prendió su propio cigarro. Qué bueno que nuestro general ya no está en funciones, de lo contrario los hubiera mandado a fusilar ipso facto a los dos.

Entre plática, chascarrillos y discusiones los Willis empezaron a retirarse poco a poco a sus casas. Yo, con la organización, actualización de la película, llevar el equipo de video, coordinarme con Karen y su asistente Laura, estaba algo cansado, por lo que me retiré a hora temprana, a las ocho P.M, afortunadamente se quedaron dirimiendo, disfrutando y degustando más copas de alcohol, Jorge Stahl, Jesús pontones, Francisco Gutiérrez y por supuesto Rudy Vega… O sea que la celebración se extendió hasta otro amanecer Williamesco.

Mis queridos Willis, la celebración de nuestros 60 años en dos tiempos estuvo sensacional, fue enorme. Hicimos nuevos recuerdos –memoria de la buena– del evento. Qué pena que muchos no pudieron asistir. Ahora, hay que hacer el esfuerzo de cuidarnos para ver si llegamos a la celebración de los setentas, por lo menos cuídense lo suficiente para llegar a la celebración de los 65 años de haber salido del Williams.

¡Abur, ahoy y Salud!



viernes, 5 de julio de 2019

Comida del primer martes de julio de 2019

Seis Willi-chochos nos reunimos en la Mansión de San Jerónimo a recargar baterías y reafirmar lazos de amistad; martes especial por el eclipse solar y por el partido México-Haití. Estuvieron presentes Nacho García Téllez, Marco Antonio Sordo, José Rodríguez Iglesias, Xavier Lozoya, Chucho Pontones y un servidor, Luis Emiliano Gutiérrez. Fue una reunión más sería que jocosa, hablamos sobre los escenarios de aquí al final del sexenio, el libro que está punto de terminar Xavier y la salud de propios y extraños.

En cuanto al escenario en los próximos cinco y medio años se estuvo de acuerdo de que estábamos viviendo un proceso de peligrosa polarización social y posible balcanización político-económica del país que podría culminar en la formación de varios Estados Nacionales. Dicho fenómeno sería resultado del estilo tan personal de gobernar de Andrés Manuel y el profundo conflicto político-social que está teniendo lugar en los Estados Unidos.

Se mencionó que uno de los rasgos que más definen el momento actual de México es el de la educación, puesto que mientras los países desarrollados y los países en rápido proceso de transformación están apostando a la nueva educación para enfrentar los grandes retos tecnológicos que se avecinan en los próximos años, la 4T está apostando por el pasado convencional que busca la politización de los maestros (como si no hubiera habido alguna en los últimos cien años), relegando a segundo plano la innovación y el nuevo papel de la internacionalización de la cultura. Se puede pensar que los países avanzan como si estuvieran en un tren, en donde los países desarrollados van en primera clase, los semi desarrollados en segunda clase, los que están empezando su desarrollo en tercera clase, y aquellos que siguen las políticas equivocadas viajan en cuarta clase o simplemente no se suben al tren del progreso. Con la política educativa obsoleta de la 4T, México se está condenando asimismo a viajar en el vagón de cuarta clase o a bajarse del tren.

El segundo rasgo examinado fue que el manejo de la economía continuará dando los pobres resultados de bajo crecimiento, estancamiento y decrecimiento porque se inspira en los mismos conceptos de cuatro décadas atrás. Los empresarios y economistas se siguen preguntando qué ¿Cómo pueden invertir con el nivel de incertidumbre que existe y que continúa aumentando? Mientras el mundo se dirige a una reconstrucción del capitalismo con parámetros totalmente distintos, los proyectos que promueve la 4T corresponden a proyectos que hubieran sido buenos en el tercer cuarto del siglo pasado, pero que resultan obsoletos hoy en día. El mundo y la economía han cambiado, Ahora las mejores tecnologías son pequeñas con alto contenido de conocimientos y el concepto de energía está en plena transformación. Éste es el momento en el cual los gobernantes tienen que estar bien preparados para aprovechar las oportunidades de un mundo cambiante. La cuarta transformación está apostando a funcionarios y directivos supuestamente honestos, pero sin conocimientos ni experiencia de los sectores y áreas bajo su responsabilidad. Se olvidan de que “el que cree que cuesta caro un profesional, no sabe lo caro que cuesta un incompetente.”

Xavier nos explicó que su libro consta de tres partes, el origen y crecimiento de la generación a la que pertenecemos, la “educación formal” a la que tuvimos acceso fuera o dentro del país y la lucha y ejercicio del trabajo elegido con entusiasmo y satisfacciones personales, pero en un país que no despegó colectivamente para insertarse en el desarrollo del siglo XXI. Entre el capitalismo y socialismo que nos acompañaron como referentes a lo largo de nuestra vida productiva, venimos a descubrir que nuestra sociedad no logró capitalizar en lo político ni en lo económico, alguno de los beneficios colectivos de los dos modelos antagónicos y se quedó en el vacío individualista mirando hacia el confuso legado educativo conservador del siglo XIX. También nos habló de la historia de la herbolaria en México y sus experiencias anecdóticas en corto con las diferentes ‘administraciones’ gubernamentales después de su llegada de Rusia donde se pasó 10 años estudiando medicina y ciencia.

Sin hablar más, les compartimos las fotos que sacamos durante la tertulia. Un abrazo y hasta la próxima.



miércoles, 14 de noviembre de 2018

Comida anual de Aniversario 59 Años de haber salido del Williams

El 13 de noviembre de 2018 nos reunimos a comer para celebrar nuestro Aniversario 59 años de habar salido del Colegio Williams. Llegamos nueve a comer rico, hablar y discutir de todo, pero sobre todo a recargar las pilas: Mangel, Sordo, Jelipe, Pepe, Rudy, Mosco, Flopis, Willie y Chucho. Estuvimos contentos en buena medida por la grata asistencia de Gustavo Castillo y de Willie Wood, a quienes hacía varios meses no asistían a nuestras reuniones, pero sentimos la ausencia de Nacho, Hidalgo y Aba.

El ambiente fue cordial, afectuoso y divertido, tratamos varios temas, desde las muestras de autoritarismo del presidente electo, de su farsa de consulta, hasta de la caravana de emigrantes. Tratamos de ver la tercera edición de la película del recuerdo “Amaneceres y Atardeceres Williamescos”, pero las pantallas de la Mansión no colaboraron y nos quedamos con las ganas. 

Por supuesto brindamos por nuestros queridos amigos que recientemente nos dejaron, Carlos Castellanos y Munir Chalela; así como, le enviamos nuestros mejores deseos y apoyo fraternal a Nacho Garcia Tellez por el padecimiento de su amada esposa.

Les paso la liga del video de la crónica, sitio donde pueden ver todos los últimos videos incluyendo los siete capítulos de la película del recuerdo, y a continuación les paso las fotos.



martes, 25 de noviembre de 2014

Reunión Anual 2014: Aniversario 55

Vale la pena destacar que en esta reunión anual nos reunimos en el mismo día (19 de noviembre) en que nos reunimos por primera vez cuando salimos del Williams, aquel inolvidable 19 de noviembre de 1959 en el restaurante Ku-Ku. En esta ocasión celebramos nuestro aniversario 55 años de haber salido del colegio.

La asistencia no fue tan nutrida como esperábamos sin embargo llegamos trece Willis que todavía vivimos, estamos sanos y nos gusta divertirnos. Trece comensales (doce Willis mas el cuñado de Valenzuela) compartimos el pan y la sal de la mesa y el supersticioso de Munir no la hizo de tos al inicio pues, como no sabe contar, creyó que éramos catorce cuando realmente comimos trece. Después de comer llegó Sorpresitas Pontones a tomarse unas copas con nosotros. Durante los brindis, se produjo una simpática discusión acerca del número de comensales, de un lado Munir y del otro, todos nosotros.

A continuación, se presentan las cuentas de Pepe pistolas, José Luis Vega.

(1) La lista de comensales empieza con Aba pedotes (como le puso García Moreno), (2 y 3) nuestro decano, el buen zopilote Luis Cristino Valenzuela Colín con su inseparable cuñado (quien ya se ganó la gloria por sus nobles actos), (4) Mangel, o sea Miguel Ángel Barrientos Alducin (clap, clap son aplausos por la organización de la comida y por el deliciosísimo pastel que llevó), (5) no podía faltar el simpatiquísimo y muy querido Rodolfo Vega Pasalagüa, (6) el más callado de todos y haciendo gala de su misticismo el Papa Jelipe Diez Martínez, (7) el otro organizador del evento el gran (por grandote) Flopis Luis Gutiérrez Poucel, (8) su enorme hermano el científico Popi Francisco Gutiérrez Poucel, (9) el amigo de todos por su generosidad y chistes antidiluvianos Marco Antonio Sordo Soldevila, (10) el empresario gigantesco Lord Charles Castellanos Ulloa, (11) el abogado del diablo, el entrañable decibeles Munir Chalela Solano, (12) el no menos agradable y dormilón Fernando Hidalgo y Terán Serralde y (13) el siempre agradable aunque algo regañón y un poco quejón Pepe Pistolas, José Luis Vega Alarid. En esta lista figuran trece a la mesa quienes tuvimos el placer de comer juntos sin que Munir hubiera hecho sus panchos. Cuando ya se habían retirado Luis Cristino, José su cuñado y el Habichuela Abelardo, llego tarde pero sin hambre ni sueño Jesús Pontones Llarena a tomarse una copa de Champagne pues la obtuvo de la rifa mal organizada por Flopis quien dio tres regalos sin recibir ninguno a cambio.

Aquí agregamos la nota aclaratoria que Munir le envió a Flopis: Mira Luisito, es probable como dices que no se contar, pero el que estaba junto a mí en la comida, si contó y señaló catorce, ya que tú mismo afirmas que estaba el lazarillo y buen cuñado de Valenzuela. En lo que estoy de acuerdo es en el concepto que mencionas de que vale muchísimo un cuñado como ese, además estoy de acuerdo de que no es de nuestra generación, pero coño si comió, por lo tanto entiende sé que te es difícil, pero pon toda tu buena voluntad y entiende que comimos Y… POR ENDE FUIMOS CATORCE A LA MESA, PIENSA (sé que no te es fácil), PERO SÍ. SÍ, SÍ. SÍ, SÍ, CATORCE COMENSALES; después de la comida llego el buen Chucho Pontones, no te digo que fuimos quince a comer, pero entiende, piensa, suma, comprende fuimos CATORCE COMENSALES y AL LLEGAR Chucho, ESTUVIMOS REUNIDOS CATORCE DE LA GENERACIÓN.

Lo que me preocupa, es que no me entiendas, que te sientas agredido, pero ¡no No, NO, NO! De ninguna manera es un concepto para que te ilustres, para que te eduques, y para lo que se te de tu chingada gana, pero no te enojes no dejes como muchos que no los entendemos, porque se han sentido agredidos Y YA NO VAN A NUESTRAS REUNIONES o les vale MADRE, ese es su cuete…

Ahora la respuesta de Flopis: Mi querido Munir, respeto tus cuentas y las venero aunque difieran de las mías y de las de José Luis. Aparte, no recuerdo que nadie se haya molestado, lo que si recuerdo es que andabas un poquito preocupado y acongojado por eso del número trece, que como dice la frase popular “Trece a la mesa, dolor de cabeza.” Recuerdo que en alguna ocasión mencionamos que los 13 a la mesa venía de la “Última cena”, donde, de los trece comensales, uno muere ahorcado después de la traición y el anfitrión es crucificado. Pero, reflexionando, y viendo la foto de abajo, comieron doce Willis más el cuñado de Luis Cristino, dando un total de 13 comensales. Para varios de nosotros el número trece es de buena suerte (Chucho Pelucho y un servidor), claro, para el resto de los Willis les vale madres que sea el 13, 14 o cualquier otro número.





Flopis se ganó a pulso el título de Organizador Principal del Evento y nombró como su ayudante (llámese gato al bueno de Mangel). Flopis fue quien reservó el comedor, consiguió el descorche gratuito, sacó las fotos, propuso la rifa de regalos y se autonombró maestro de ceremonias, pasándole la palabra a cada uno de los asistentes para que hicieran un brindis.

Cada quien ordenó los sagrados alimentos del menú, los cuales fueron digeridos con la amable lubricación del vino que generosamente aportó nuestro querido Marco Antonio. Algunos ingratos mencionaron que el vino estaba medio pinche, por lo que a dichos críticos se les sugirió que para la próxima reunión anual ellos convidaran los vinos. Como dijo Marco Antonio, “a caballo regalado no se le ven los dientes cabrones.”

Nuestro querido parlanchín de Flopis propuso que cada uno de nosotros hiciera un brindis. Cada Willi brindó a nuestros recuerdos, la camaradería y la amistad. Todos los brindis fueron cortos y emotivos, desgraciadamente no nos acordamos de todos ellos,  pero en todos se destacó el sentido placer de pertenecer a este selecto grupo de los Willis. El único que no escuchó nada fue nuestro querido y apreciado Abelardo, quien estuvo hablando en su celular. Al final de cada brindis, Flopis hizo una breve y elogiosa semblanza del Willi que acababa de hablar.

A continuación presentamos el brindis de Miguel Angel:

Pues yo quisiera brindar
por esta gran ocasión
en que nos viene a juntar
el gusto de disfrutar
lo que siente el corazón.

La dicha de compartir
estos intensos momentos
en que les puedo decir
el cariño que les tengo.

A varios se les olvidó llevar regalos, por los por lo que algunos de nosotros no recibimos nada. El Flopis, por ejemplo, regaló tres libros y se fue con las manos vacías. Claro, siendo el Flopis, le dijo a Mangel que sólo era para los que dominaban el lenguaje de Shakespeare y no para el resto de los pendejitos, libro que estaba fuera de su alcance, como ven, sigue siendo cabroncito ¿o no?

En el intercambio, el regalo de Miguel Angel le tocó a Munir quien, como es usual en él, le advirtió a Mangel que eso no iba a impedir que lo siguiera chingando con eso de que es huevón… lo cual es totalmente cierto.

Marco Antonio, tratando de emular a Murillo Karam, dijo en un momento dado: “Ay ya me aburrí”, se paró y fue caminar o a tirarse un pedo pues ya estaba muy inquieto en la reunión. Luego preguntó de manera curiosa ¿cuándo se mueren los huevones se van al cielo, o los vienen a recoger?

Flopis citó al presidente Adolfo Mateos quien dijo “el que no tenga un amigo libanés que se lo consiga.” Agregando, que –como nosotros teníamos a Munir desde toda la vida– estábamos dispuestos a regalárselo a quien le faltara su amigo libanés, recibiendo en respuesta una sonora y decibélica mentada de Munir.

Mangel presumió la forma de elaborar sus riquísimos pasteles, señalando que todos los ingredientes son de origen. Esto quiere decir que la mantequilla la trajo de Chalco o de Amecameca, el queso Oaxaca de la capital oaxaqueña y lo más exagerado fue conseguir el queso philadelphia pues tuvo que viajar a los Estados Unidos. José Luis Vega exclamó “no seas exagerado, pero reconozco que siempre has sido así, desde que nos contaste que en el rancho de tu suegro había tantos conejos que los terrenos blanqueaban de tanto mamífero orejón.”

Luis Cristino nos volvió a invitar a comer allá a su tierra un rico arroz, mole y frijoles de la olla con sus respectivas tortillas hechas a mano. Esta es la quinta o sexta invitación que nos hace y esperamos que en esta ocasión si nos vaya a cumplir.

Felipe comentó de manera preocupada que había tanta gente viviendo en las nubes, que temía que algún día empezarán a llover pendejos.

En fin, charlas y discusiones agradables fueron el tono de la reunión. El evento transcurrió, como es usual, entre chistes viejos, bromas y un sinfín de recuerdos.

La mayoría de nosotros nos retiramos como a las nueve treinta de la noche, con excepción del buen Rudy y Chucho Sorpresas que se quedaron a charlar y tomarse las últimas copas hasta que cerraron el antro a las diez de la noche.

Por este medio queremos agradecerle a Jorge Sthal el detalle de donar $500 a la reunión, como nadie se apuntó para ser invitado, utilizamos su contribución para adquirir una buena botella de vino misma que degustamos a su salud.

También debemos de hacer mención de Juan Limón, quien no quiso que se le devolviera su depósito por lo que en la próxima comida se le aportará a su cuenta, o como en el caso de Jorge la utilizaremos para adquirir una botella de vino y brindar a su salud.

Esta histórica crónica fue elaborada con las contribuciones de José Nuncamequejo Vega Alarido, Miguel Ángel Cuentero, Chucho Sorpresitas Pontones, Munir Nuncagrito Chalela, y Luis Sensato Gutiérrez.


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